BLOG DE MARIA CINTA MONTAGUT

martes, 18 de julio de 2017


Mido la noche como mido el camino
para viajar sin mapas en los labios
y atravesar el tiempo con una daga sola.
Las olas van dejando en la arena su rastro,
caracolas vacías, sueños de sal, silencio.
Y el horizonte ajeno se desplaza
a través de unos ojos como barcos.

miércoles, 26 de abril de 2017

Eté Indien

Avanza el viento
por las ramas de los árboles avanza
como el tren por la estepa
y los días que lentos por el río
avanzan inmutables,
caminan sobre el hielo que flota
y resplandece
al intentar captar la pobre luz del sol.
Avanza el viento
y atraviesa el fuego de las ramas
la carne de las hojas amarillas,
rosadas en la penumbra incierta
de la tarde de este falso verano
en un invierno súbito.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Canadian Pacific

Una hilera mecánica, oscura y ruidosa
cruzaba la llanura esta mañana.
De una costa a la otra el caballo de hierro
hendía el aire.
El polvo del camino ocupaba el espacio.
Manadas de bisontes corrían a su paso,
los buitres levantaban el vuelo.
Todo el silencio roto podía recogerse
en pedazos dispersos por el viento
en el llano.
¿Quién huye hacia el océano?
¿Quién mirará el paisaje?
Se desvanece el eco de su paso
de metal y desorden.
Se ensancha el horizonte
y todo vuelve a la inmovilidad de siempre.
Sin quererlo pensamos
que tal vez eso es la vida:
una hilera de días ruidosos y oscuros

que simplemente pasan.

lunes, 23 de enero de 2017

jueves, 24 de noviembre de 2016

JUNEAU




En la calle empinada
el hotel aparece
elegante, altivo,
con molduras doradas
y un ascensor antiguo
de madera.
Más tarde ya de madrugada
descorro las cortinas del cuarto silencioso
para ver la sorpresa de una noche estrellada.
Estaba todo oscuro:
la calle, las ventanas, la montaña sombría.
Hay que volver al norte
donde la luz es blanca cada noche
donde el tiempo haabita en los glaciares
y el bosque nos invita a su misterio.

domingo, 16 de octubre de 2016


En una habitación de hotel
las cortinas esconden las luces de la tarde
gotea a intervalos regulares el grifo del lavabo
y se oyen lejanos los silbidos del tren.
Es una habitación sencilla,
no daba para más el presupuesto,
con apliques dorados y un perchero
donde colgar la noche
y la mochila de los días perdidos
y de los desengaños.
Al pasar de los años
el equipaje se hace más pesado
y el viaje continúa inagotable
a través de una piel o de unos ojos
aunque se, desde siempre,
que yo nunca viajaré a Dinamarca.