BLOG DE MARIA CINTA MONTAGUT

miércoles, 1 de noviembre de 2017


No tengo territorio que reivindicar,
amplio es el camino de la duda
y, sin saberlo,
reencuentro el viaje que me lleva
a vivir en la errancia.
Cada palabra dicha, cada gesto,
cada mirada sostenida,
cada cuerpo soñado
fueron hitos que quedaron atrás.
Tal vez por eso
hoy ya no tengo territorio que reivindicar
y vivo
en la constante errancia del destino.

jueves, 26 de octubre de 2017


Sant Félicien

Al borde del camino
los ojos de la búfala
se hunden en los míos
y surgen las praderas luminosas,
los bosques silenciosos,
la tempestad sonora de los cascos
en el tambor del llano que no acaba.
Se estrecha el horizonte
en los ojos cansados de la búfala
que lentamente rumia la pastura
y mis ojos la miran y desean
atravesar con ella
el último camino de la estepa.

martes, 15 de agosto de 2017

Buscar en el camino las palabras
para explicar ese mismo camino,
las calles silenciosas
o el ruido de las pisadas de los otros
por aceras ajenas
en ciudades lejanas
donde dolor, amor o círculo
se dicen de otro modo.
Siempre el viaje nos lleva a las palabras
y nos despierta el hambre
de conocer aquello que soñábamos solos
tendidos en la cama en las noches de insomnio.

martes, 18 de julio de 2017


Mido la noche como mido el camino
para viajar sin mapas en los labios
y atravesar el tiempo con una daga sola.
Las olas van dejando en la arena su rastro,
caracolas vacías, sueños de sal, silencio.
Y el horizonte ajeno se desplaza
a través de unos ojos como barcos.

miércoles, 26 de abril de 2017

Eté Indien

Avanza el viento
por las ramas de los árboles avanza
como el tren por la estepa
y los días que lentos por el río
avanzan inmutables,
caminan sobre el hielo que flota
y resplandece
al intentar captar la pobre luz del sol.
Avanza el viento
y atraviesa el fuego de las ramas
la carne de las hojas amarillas,
rosadas en la penumbra incierta
de la tarde de este falso verano
en un invierno súbito.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Canadian Pacific

Una hilera mecánica, oscura y ruidosa
cruzaba la llanura esta mañana.
De una costa a la otra el caballo de hierro
hendía el aire.
El polvo del camino ocupaba el espacio.
Manadas de bisontes corrían a su paso,
los buitres levantaban el vuelo.
Todo el silencio roto podía recogerse
en pedazos dispersos por el viento
en el llano.
¿Quién huye hacia el océano?
¿Quién mirará el paisaje?
Se desvanece el eco de su paso
de metal y desorden.
Se ensancha el horizonte
y todo vuelve a la inmovilidad de siempre.
Sin quererlo pensamos
que tal vez eso es la vida:
una hilera de días ruidosos y oscuros

que simplemente pasan.